sábado, 19 de marzo de 2011

La Fe

La noche de cada uno de nosotros está poblada de muchas estrellas. Tenemos muchas posibilidades, muchos ideales que nos totalizan. Dios, con su revelación, nos interpela como un día lo hizo con Abraham, como lo hizo con los profetas, como lo hizo con María y José…
La fe siempre es una opción y ésta a veces cuesta, pues hay que dejar a un lado nuestro racionalismo y nuestra sed de seguridades humanas. No nos gusta nadar en las aguas profundas porque preferimos tener unas agarraderas. En la vida espiritual la única agarradera es la veracidad y fidelidad de Dios.
La fe se templa con las dificultades.Para templar una espada hay que meterla en el fuego. La fe también se forja en la tribulación. Hay gente que quiere tener una fe gigante, pero sin chamuscarse. Es como el atleta que quiere ganar la carrera, pero sin entrenarse, sin sufrir, sin lesionarse nunca.
La fe es un camino hermoso tapizado de rosas que están llenas de espinas.Los Magos tuvieron una experiencia profunda de fe. Podemos imaginarlos llegando a un oasis para cargar provisiones y agua. Seguramente les vino a la mente la posibilidad de desistir. Tal vez en sus noches fueron visitados por sueños que les acosaban como fantasmas. El recuerdo de las burlas de sus compatriotas, el escepticismo de sus compañeros de estudios les perseguía. Hubo momentos de titubeos, de incertidumbre, de duda…
La fe nos exige ver a Dios en las cosas sencillas.Después de viajar muchos kilómetros, los Magos encontraron al Rey de los Judíos, el Salvador del mundo, el Rey de reyes, envuelto en pañales y acostado en un pesebre, en un establo de una aldea de mala muerte, fuera de la ciudad de Jerusalén. El mejor don de los Magos fue su fe.
Era suficiente para obligar al corazón bajar a los pies. Sin embargo, lo aceptaron plenamente: se arrodillaron delante de Él. Vieron a Dios en un bebé que lloraba.
Con la fe puede uno conectarse con Dios en cualquier momento. Al contemplar la belleza de la naturaleza, el estruendo del mar, la brisa entre los árboles… se puede sentir a Dios.
La fe abre horizontes y nos hace ver más lejos de lo que podríamos con la sola luz de la razón. Nuestra pobre mente es como el ojo desnudo que sólo ve un poco del universo al contemplar las estrellas que desfilan delante de él en la noche clara. Pero con un telescopio potente se puede penetrar en los espacios siderales y descubrir mundos nuevos. Así es la fe para un cristiano, es como un nuevo ojo para ver. En el vagabundo que toca a la puerta pidiendo una ayuda le revela la presencia de Cristo.
Cuando nosotros lleguemos al Cielo, ciertamente no vamos a entrar con unos lingotes de oro, una caja de incienso y un bote de mirra. Lo que vamos a llevar, como dijo San Pablo, es nuestra fe, esperanza y caridad.
No juzguemos el valor de nuestra vida por las cosas que tenemos o las obras que hacemos. La fe y el amor es lo que vale delante de Dios. Mejor es ir pobre delante la presencia de Dios, que rico y separdao de Él. Desde un punto de vista espiritual, el valor de los Magos no era el tamaño de sus dones materiales, sino la medida de su fe.
¿Cómo es nuestra fe? ¿Lánguida? ¿Depende de como nos sentimos? ¿Una fe sincera?¿Está nuestra fe basada en la Palabra de Dios o en una serie de sentimientos movedizos?
Cuantas veces hemos viajado, en micros, trenes o aviones, acaso nos preocupamos por nuestro conductor, de no llegar sano y salvo, siempre confiamos, nos relajamos y dormimos. Entonces porque no confiar en Dios, ese Señor que nos dio la vida y que nos ama con amor incondicional.
«La fe es descansar en las manos de Dios, sin sobresaltarnos absolutamente por nada. Es tener la seguridad y la convicción de que todo esta bajo control, aunque el cielo oscuro de la vida anuncie tempestades»

Momentos y Recuerdos


Si pudiéramos ver en reversa tan sólo unos segundos, sin juzgar, sin tener miedo ni rencores, si pudiéramos ver lo que es nuestra vida por unos segundos, con la cabeza fría, ¿qué se nos viene a la mente? ¿Qué es lo primero que pensamos? Pensamos en esos momentos súper pequeños que llegaron inesperadamente, sin ser planeados que nos llenaron de felicidad, y nos hicieron sentir vivos…
La vida se basa de los recuerdos y de los pequeños momentos de felicidad, nosotros mismos somos nuestros recuerdos, porque somos lo que en un pasado lejano o cercano nos marcaron, entonces en ciertas palabras somos nuestro pasado, pero hay que diferenciar entre serlo y vivir en él.
Somos nuestro pasado y siempre recordamos lo felices que fuimos en él, pero hay que pensar que hoy es el pasado de mañana, así que hoy se tiene que vivir, crear momentos para que un día cuando nos detengamos digamos, no desperdicio mi vida, fui, soy y estoy seguro de que en mi futuro también seré feliz.

Buscate un Amigo

No es preciso que sea perfecto, basta que sea profundamente humano, que tenga sentimientos y un buen corazón. Que sepa compartir dolores y alegrías, hablar y saber callar, pero sobre todo saber escuchar. Que guste de la poesía, de la música, del sol y de la luna, que sienta un gran amor por la vida, que sepa guardar un secreto.
Tu amigo debe adivinar los días tristes y respetarlos, ha de tener un ideal y el deseo de integrarse al mundo porque comprende el inmenso vacío de los solitarios; debe gustar de la sencillez de los niños, sentir pena de los que tuvieron y perdieron cosa queridas, ser quijote sin menospreciar a Sancho.
Búscate un amigo para pasear, disfrutar de la naturaleza, deleitarse con la música, leer, sentir a un ser humano. Búscate un amigo para poder contar lo que se vio de lo bello y triste durante el día, los gustos, las angustias y alegrías. Un amigo que sepa conversar de cosas simples, el rocío, de la lluvia, las estrellas y los recuerdos de la infancia y sobre todo de cosas íntimas.Búscate un amigo que no tenga miedo de decirte un defecto y cuando lo haga, sepa cómo hacerlo. Búscate un amigo que te diga que vale la pena vivir, un amigo que crea en ti. Búscate un amigo para tener conciencia de que todavía estas ¡vivo!