Vivimos en una época en la que muchos hombres y mujeres consideran que sus acciones no tienen consecuencias morales y que lo que hacen sólo tiene consecuencias sociales. En esto niegan a Dios y a la vez niegan que las cosas son buenas o malas.
Todos hemos escuchado alguna vez la declaración: "Está bien, haz lo que quieras", y así es también con la forma en que muchos viven en el mundo hoy día.
Les testifico que hay una manera mejor: la de vivir una vida de rectitud.
La palabra rectitud es una palabra muy interesante y singular. Es una palabra que encierra significado y que se extiende y abarca todos los atributos de Dios. Entonces, la persona que es recta es como Dios, o posee los atributos de Dios.
El bien y el mal existen y son contrarios el uno al otro. Las acciones del género humano sí tienen consecuencias morales. El Evangelio de Jesucristo define la diferencia que existe entre lo que es bueno y lo que es malo. Lo que es bueno viene de Dios. Cristo ha dicho: "Y cualquier cosa que persuada a los hombres a hacer lo bueno viene de mí; porque el bien de nadie procede, sino de mí. Yo soy el mismo que conduce a los hombres a todo lo bueno. . ." (Éter 4:12).

Hay gran simplicidad en la rectitud. En toda circunstancia que enfrentamos en la vida existe la manera correcta o la manera incorrecta de proceder. Si elegimos la forma correcta, nuestra forma de actuar se ve apoyada por los principios de rectitud, los cuales poseen el poder de los cielos. Si elegimos la manera equivocada y actuamos de acuerdo con esa elección, no existe tal promesa o poder de los cielos, y estamos solos y destinados a fracasar.
En la rectitud yace el cumplimiento de la fe y de la esperanza. Toda bendición que Dios ha prometido a Sus hijos se basa en la obediencia a Sus leyes y mandamientos. La obediencia a Sus leyes y mandamientos es lo que nos hace ser rectos, y esa rectitud nos hace merecedores de recibir las bendiciones prometidas.
Cada uno de nosotros vive su propia situación. Hay desafíos de salud, económicos, de educación, del no tener cónyuge, de soledad, opresión, abuso, transgresión y de una lista sin fin de diferentes condiciones. La solución a todos esos desafíos es la rectitud.
El hombre recto. Debe respetar todas las reglas saludables y fundamentar sinceramente su vida en el amor de Dios y el amor al prójimo por amor a Dios. Aquí encontramos cuatro elementos: (I) nuestra Fe debe ser auténtica y sincera (II) hemos de estar dispuestos a dar testimonio de ella en obras de caridad y amabilidad con nuestro prójimo, (III) debemos ser buenos ciudadanos dando apoyo a las instituciones benéficas y a las organizaciones comerciales y (IV) debemos ser constantes e inconmovibles en cualquier circunstancia.
El tener rectitud es empeñarse anhelosamente en ser obediente a los mandamientos de Dios; es ser limpio de pensamiento y de acción; es ser honrado y justo. La rectitud se demuestra más con hechos que con palabras. Una vida recta exige disciplina, la cual es la característica que te dará la fortaleza para no privarte de aquello que más anhelas en la vida por conseguir algo que creas desear ahora.
El mundo necesita luz. Sé tú esa luz. Tu rectitud da a otras personas la confirmación de la virtud de la vida anclada en la verdad eterna.
Ese pulir de la piedra equivale a pulir la inteligencia para encontrar la manera de ser útil a la humanidad, pero debe hacerlo con rectitud y valor, que resista cualquier esfuerzo a favor de la filantropía, con la prudencia necesaria para cumplir el objetivo.
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