
Había un niño adoptado por un maestro de música que daba por primera vez un concierto. Todo el auditorio esperaba y escuchaba con atención al niño. Notaron que aunque era el más pequeño había quedado mejor que nadie. Al fin se dieron cuenta, que el niño no cesaba de mirar hacia cierto lugar. La ansiedad fue tan grande que el auditorio no pudo menos que volver la cabeza para ver el objeto de la atención infantil.
Entonces vieron que atrás, estaba su padre adoptivo dirigiéndole y marcándole el compás, siendo esa la razón por la cual el niño no se equivocaba. Así sucede con nosotros; por eso debemos poner nuestros ojos sólo en Cristo y no fijarnos demasiado en los demás. Sólo así resultaremos triunfantes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario