La mansedumbre modera los arrebatos de cólera que se levanta impetuosa para rechazar el mal presente.
Jesús enseña: "Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra". -Mateo 5:4
Cristo es el modelo: "Soy yo, Pablo en persona, quien os suplica por la mansedumbre y la benignidad de Cristo"
- II Corintios 10:1
"Mansedumbre, dominio de sí; contra tales cosas no hay ley". -Gálatas 5:23
"Hermanos, aun cuando alguno incurra en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado." -Gálatas 6:1
"Con toda humildad, mansedumbre y paciencia, soportándoos unos a otros por amor" Efesios 4:2
"Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia" -Colosenses 3:12
"Que corrija con mansedumbre a los adversarios, por si Dios les otorga la conversión que les haga conocer plenamente la verdad" -II Timoteo 2:25

El que quiera ser apóstol necesita cuidar de no perder los nervios. La mansedumbre está constituida de paciencia y de benevolencia, de indulgencia y de misericordia. La mansedumbre es un modo de proceder divino, en cambio“ la violencia puede ser, entre otras cosas, la manifestación de una autoridad o de una postura que se siente débil” (Juan Antonio González Lobato).
La mansedumbre abandona las pretensiones del amor propio y consiente pacíficamente en lo que piden los otros. Es más que una virtud, es una gracia que empapa toda la personalidad. Pues es necesario hacerse violencia a sí mismos –controlarse- para abandonar toda violencia.
Quien la tiene escucha una llamada, sabe ser atento, y trata las cosas que usa de un modo respetuoso. La mansedumbre se vive con las personas y con las cosas. Su misión es la de ser de Dios.
Quien vive la mansedumbre respeta a Dios y las cosas de Dios: entre éstas, los seres humanos tienen un lugar preferente. Hace falta además mucha paciencia con la propia alma.
La mansedumbre quita al dolor su amargura y tiene la fuerza eficaz de desarmar a cualquier adversario. La persona mansa no critica a los demás, y cuando debe juzgar, pone misericordia en sus juicios. Es preciso imitar esa mansedumbre que manifiesta Jesús en su diálogo con la samaritana; pero el cristiano no conservará esa mansedumbre si no está dispuesto a ceder frecuentemente en su derecho, a sufrir a diario y en ocasiones, cruelmente.
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